Reportaje sobre Yasuní-ITT. Story about Yasuni-ITT.

Canopy view of the Amazonian rainforest from a ceibo tree in the late afternoon, Napo Wildlife Center, Yasuni National Park (Orellana, Ecuador). Vista del dosel arbóreo de la selva amazónica desde un ceibo al atardecer, Napo Wildlife Center, Parque Nacional Yasuní (Orellana, Ecuador).

Vista del dosel arbóreo del Parque Nacional Yasuní. Canopy view over Yasuni National Park.

Here you are all my posts about Yasuni-ITT. Words: David Biller. Photography: Valentí Zapater.

Aquí teneis todas las entradas que hablan del reportaje sobre Yasuní-ITT. Son historias paralelas y anécdotas durante la realización del reportaje escritas por David Biller. Vale la pena leer el excelente texto, publicado originalmente en inglés y sin pausas en su página web. Las fotografías son mías, podeis ver el reportaje sobre Yasuní-ITT en mi página web (12 fotografías a día de hoy), así como mi galería de fotografías sobre el Parque Nacional Yasuní, (91 fotografías a día de hoy).

Cómo llegar a ITT (1ª parte). Getting to ITT (1st part).

Cómo llegar a ITT (2ª parte). Getting to ITT (2nd part).

La selva (1a parte). The jungle (1st part).

La selva (2a parte). The jungle (2nd part).

La selva (3a parte). The jungle (3rd part).

Contactando: pueblos no contactados vs. pueblos remotos. Contacting uncontacted vs. remote peoples

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Contactando: pueblos no contactados vs. pueblos remotos. Contacting uncontacted vs. remote peoples

Texto: David Biller. Fotos: Valentí Zapater. (Ir a la primera entrada o bien al índice)

If you want to read it in English see below.

Es importante distinguir entre los Taromenane / Tagaeri y los pueblos Waorani. El pueblo Taromenane / Tagaeri tiene muy claro que no desea ser contactado, como hacen evidente estas desagradables fotografías del incidente de Los Reyes.

Por otro lado, los Waorani, aunque aislados, se ven fuera de Yasuní en cierta medida. Entre las pocas personas en Kawymeno que lucían el tradicional corte de pelo en forma de cuenco y los agujeros estirados del lóbulo de las orejas estaba uno de los fundadores y líderes de la comunidad, Kai, quien se sentó conmigo durante una hora y hablaba muy poco español. Pero incluso él llevaba ropa occidental: una camiseta Nike roja, pantalones cortos de deporte de color rojo, calcetines amarillos estirados a lo largo de sus espinillas sin pelo, y unas zapatillas Chuck Taylor de imitación.

Aquí se pueden ver los Waorani con su tradicional (des) vestido.

Los Waorani nunca van realmente desnudos ni llevan la tradicional piola (traducción: ¿la correa del pene?), a no ser que alguien – un grupo de turistas, el gobierno – les pague para hacerlo, cosa que creo que es, como mínimo, pornografía antropológica: Quítate la ropa, déjame que me asombre y te hago unas fotos instantáneas, te daré unas monedas y luego cada uno tomará su camino. ¡Las fotos serán un éxito en la ciudad!

Waorani people at the dock on Yasuni river, Kawymeno community. Yasuni National Park (Orellana, Ecuador). Waoranis en el embarcadero de la comunidad de Kawymeno. Parque Nacional Yasuní (Orellana, Ecuador)

Los Waorani suelen vestir camiseta y pantalón corto. Waorani usually dress shirt and shorts.

Es cierto que una gran parte de por qué los Waorani anhelan ahora los bienes de fuera y vestirse con ropa occidental es el legado de haber sido contactados cuando inicialmente no querían, y muy especialmente de los esfuerzos del Instituto Lingüístico de Verano (una historia muy atractiva sobre esto se puede encontrar en el libro de Wade Davis, El Río).

Un antropólogo victoriano, a diferencia de Sir Richard Burton, espera que estas tribus remotas permanezcan de esa manera. Creo que este punto de vista es sobre todo una ilusión, y a veces ralla la arrogancia. Yo diría que las personas se dejan seducir por la idea de los pueblos no contactados, ya que colectivamente queremos creer que, no importa cuánto nos equivoquemos con las cosas en el mundo civilizado, todavía hay gente ahí fuera más allá de sus garras. Aun así ¿sigue siendo eso siquiera realista? Este gran artículo de Jonnie Hughes en la revista Salón, sobre indígenas de Papúa Nueva Guinea que llegan a Inglaterra y luego se unen al Facebook, presenta un caso contundente: resistirse “al libre acceso de la humanidad” es inútil y el intercambio puede resultar beneficioso (del mismo modo, mi editor de este artículo me dijo que tiene ahora como amigos de Facebook a gente del pueblo de Kirguizistán, donde fue voluntario de los Cuerpos de Paz.)

Así que creo que no debería ser una cuestión de contacto versus aislamiento, la cuestión es la naturaleza del contacto. En algunos casos, la exposición a nuevas ideas puede compensar otras que se infiltran. Por ejemplo, le expliqué a Saúl mi opinión sobre el consumismo desenfrenado que se da en la humanidad, cosa que dudo que fuera clara para él las primeras veces que se maravilló ante las cámaras digitales. También me pidió lo que pensaba sobre la homosexualidad. Los misioneros católicos de la región se hubieran consternado al enterarse de que le expliqué mi idea de que hay un espectro de orientaciones sexuales.

Saul y David Biller, Nueva Rocafuerte

Saúl y yo en Nueva Rocafuerte. Saul and I in Nueva Rocafuerte. © Valentí Zapater

Aunque sólo sea a nivel material, mi intercambio con Saúl le proporcionó una tienda de campaña Meteor Light de Sierra Designs y a mí una cerbatana y dardos envenenados. Él estaba muy emocionado ya que tendría refugio portátil para protegerse de los insectos y las serpientes. Cuando fui a enseñarle el truco para montar la tienda, me encontré con que ya lo había descubierto por sí mismo. Era como un niño atolondrado en la mañana de Navidad, y yo también estaba entusiasmado con mis juguetes nuevos. (Para responder a la pregunta frecuente: envié las armas de vuelta a casa metidas en un tubo de PVC, luego mentí al agente de aduanas diciéndole que eran una parte importante de la investigación para mi doctorado en Antropología.)

Mientras en el día de hoy los Waorani miran hacia el mundo exterior, los Taromenane y Tagaeri desean permanecer en aislamiento, y creo que esto debe ser respetado. No debemos forzar el contacto. Y eso es una parte de la razón por la cual no solo se trata de proteger ITT, sino todo Yasuní. La otra parte es su asombrosa naturaleza y biodiversidad. Podemos y debemos estar agradecidos de que Ecuador haya alcanzado su primer objetivo de $100 millones a finales de 2011 [pdf], pero todavía queda un largo camino para llegar a los $3.500 millones. E ITT es sólo un rincón de un parque nacional enorme y enormemente amenazado.

Words: David Biller. Photography: Valentí Zapater. (Go to the first post or to the index)

Si quieres leerlo en castellano ves más arriba.

It’s important to distinguish between the Taromenane/Tagaeri and Waorani peoples. The Taromenane/Tagaeri people very clearly do not want to be contacted, as that photos, about  Los Reyes incident, should make abundantly clear.

On the other hand, the Waorani, though isolated, do look outside Yasuní to some extent. Among the few people in Kawymeno who sported the traditional bowl-cut and stretched ear lobe holes was one of town’s founders and leaders, Kai, who sat with me with for an hour and spoke very little Spanish. But even he wore Western clothing: a red Nike jersey, red athletic shorts, yellow socks pulled up over his hairless shins, and knock-off Chuck Taylors. 

The Waorani people in their traditional (un)dress.

The Waorani don’t really go nude or wear the traditional piola (translation: penis strap?) anymore unless someone – a tour group, the government – pays them to do so, which I think is almost akin to anthropological pornography: Take your clothes off, let me gawk at you and snap photos, I’ll give you cash, then we’ll go our separate ways. The photos will be a hit in the city!

Waorani people at the dock on Yasuni river, Kawymeno community. Yasuni National Park (Orellana, Ecuador). Waoranis en el embarcadero de la comunidad de Kawymeno. Parque Nacional Yasuní (Orellana, Ecuador)

Los Waorani suelen vestir camiseta y pantalón corto. Waorani usually dress shirt and shorts.

Admittedly, a large part of why the Waorani now crave outside goods and wear Western clothing is the legacy of having been contacted when they originally didn’t want, and particularly the efforts of  the Summer Language Institute. (A really engaging history of this can be found in Wade Davis’ book One River.)  

A Victorian anthropologist, as opposed to Sir Richard Burton, hopes these remote tribes would stay that way. I think this view is mostly wishful thinking, and at times borders on arrogance. I’d argue that people are seduced by the idea of uncontacted peoples, because collectively we want to believe that, no matter how much we mess things up in the civilized world, there are still people out there beyond its clutches. But is that even realistic anymore?  This great Salon article by Jonnie Hughes, about Papua New Guinea villagers who come to England and then join Facebook, presents a strong case that resisting “open-access humanity” is futile, and that exchange can prove beneficial. (Likewise, my editor for this story told me he’s now FB friends with people from the village in Kyrgyzstan, where he was a Peace Corps volunteer.) 

So I believe it shouldn’t be a question of contact versus isolation; it’s a question of the nature of the contact. In some cases, exposure to new ideas can offset others that are infiltrating. For example, I explained to Saul my opinion on the toll unbridled consumerism takes on humanity, which I doubt was clear to him the first times he marveled at digital cameras. He also asked my thoughts on homosexuality. Catholic missionaries in the region would be dismayed to learn that I explained my belief that there’s a spectrum of sexual orientation. 

Saul y David Biller, Nueva Rocafuerte

Saúl y yo en Nueva Rocafuerte. Saul and I in Nueva Rocafuerte. © Valentí Zapater

Even just on a material level, my exchange with Saul got him a Sierra Designs Meteor Light tent and me a spear, blowgun and poison darts. He was thrilled he’d now have portable shelter to protect him from bugs and snakes. When I went to show him the trick to setting up the tent, I found he’d already figured it out on his own. He was like a giddy kid on Christmas morning, and I was just as excited about my new toys. (To answer the frequent question: I got the weapons back home by stuffing them in a PVC pipe, then lying to the customs agent by saying they were an important component of the research for my Anthropology PhD.)  

While the Waorani today look to the outside world, the Taromenane and Tagaeri wish to remain in isolation, and I do think that should be respected. We shouldn’t force contact. And that’s part of the reason why it’s not just ITT that should be protected, but all of Yasuní. The other part is its astounding nature and biodiversity. We can and should be grateful that Ecuador hit its first US$100mn target by the end of 2011 [pdf], but there’s still a long way to go to US$3.5bn. And ITT is just one corner of an enormous, and enormously threatened, national park.

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Reportaje sobre el Parque Nacional Machalilla en la revista Zazpi Haizetara. Story about Machalilla National Park in Zazpi Haizetara magazine.

El mes de septiembre de 2012 salió publicado un reportaje mío sobre el Parque Nacional Machalilla en la revista Zazpi Haizetara. En él describo este enclave del litoral ecuatoriano, uno de los mejores ejemplos de ecosistemas de la costa sur de Ecuador en buen estado de conservación, tanto terrestres como marítimos. Y doy pistas para su visita tanto en verano como en invierno, pues en ambas épocas del año los alicientes son cautivadores.

En Zazpi Haizetara han realizado un buen trabajo de edición y maquetación, el resultado es el que podéis ver bajo estas líneas. En este reportaje me he encargado del texto y las fotografías, si queréis ver más podéis entrar en mi galería fotográfica del Parque Nacional Machalilla.

Parque Nacional Machalilla Zazpi Haizetara 01

Zazpi Haizetara nº 51. Texto y fotos: Valentí Zapater. Zazpi Haizetara #51. Words and photos: Valenti Zapater.

Parque Nacional Machalilla_Zazpi Haizetara_02

Zazpi Haizetara nº 51. Texto y fotos: Valentí Zapater. Zazpi Haizetara #51. Words and photos: Valenti Zapater.

Parque Nacional Machalilla_Zazpi Haizetara_03

Zazpi Haizetara nº 51. Texto y fotos: Valentí Zapater. Zazpi Haizetara #51. Words and photos: Valenti Zapater.

Parque Nacional Machalilla_Zazpi Haizetara_04

Zazpi Haizetara nº 51. Texto y fotos: Valentí Zapater. Zazpi Haizetara #51. Words and photos: Valenti Zapater.

Parque Nacional Machalilla_Zazpi Haizetara_05

Zazpi Haizetara nº 51. Texto y fotos: Valentí Zapater. Zazpi Haizetara #51. Words and photos: Valenti Zapater.

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Paisajes sin la cámara (IX): el oso andino y el páramo. Landscapes without my camera (9): the andean bear and the paramo.

El hijo de Melchor, el guía, nos deja con su pick-up en un punto alto del páramo de Oyacachi. Descendemos a buen ritmo envueltos en la niebla y una fina lluvia que no dejan ver muy lejos. Sólo distingo las gramíneas de color amarillento, llamadas aquí paja, que, junto con algún arbusto verde oscuro, cubren la ladera hasta donde permite ver la niebla.

De repente las nubes se levantan lo justo para ver ante nuestros ojos un amplísimo valle casi sin pendiente que se extiende hasta donde alcanza la vista. El fondo del valle es una combinación del amarillo de la paja y los verdes del páramo de almohadillas, colores ahora intensos bajo la lluvia.

Por las laderas, además del pajonal, también trepan algunas manchas de bosque ya en su límite máximo altitudinal. Más arriba sólo puedo imaginar las cimas envueltas en las nubes.

Páramos y laderas de pajonal y retazos de bosques enanos, territorio del oso de anteojos, frontino o andino. También del venado, el lobo de páramo y el puma.

Lo que de lejos en el fondo del valle se ve como una combinación de amarillo y verde, es en realidad un  mosaico de texturas y colores que van mucho más allá: almohadillas de un verde intenso formadas por incontables hojas en forma de estrella (plantas de la familia de las plantagináceas), flores de pétalos blancos y botón de oro como en un dibujo de niños (patujashu, Werneria sp.), extrañas plantas fálicas de color rojizo (tarugacacho, una licopodiácea), matas de paja amarillenta y rosetones con hojas espinosas y apariencia de cactus. Esta última, la achupalla (una bromeliácea), es uno de los alimentos preferidos del oso, que busca los brotes más tiernos. Desde hace un rato observamos achupallas comidas por el oso, restos de un festín reciente, huellas frescas y heces de hace muy poco rato. ¡El oso está muy cerca y veo cercana la posibilidad de alcanzar mi objetivo, ver al oso de anteojos! No sólo vemos rastros de oso, también de venado, lobo de páramo e incluso grandes excrementos de puma.

Después de varias horas de seguir rastros por este páramo inhóspito  y al mismo tiempo extrañamente bello, me siento en una mata de paja, exhausto, rendido y empapado, para descansar, beber agua y almorzar. Melchor, a mi lado, aparentemente entero, comenta “¡El oso no se deja…!”. Pan, queso y plátano frito es el menú de hoy en medio de este reino húmedo por abajo, como una esponja, y por arriba, por la fina lluvia que no cesa. “¡El oso!”. Mis neuronas no reaccionan. “¡Allí!”. En una ladera a medio quilómetro de distancia, casi a nuestras espaldas, un punto negro se mueve con agilidad. Me pregunto cómo lo habrá visto. Miro con los binoculares y, efectivamente, allí está. Nos mira por unos momentos mostrándonos su inconfundible antifaz y desaparece en un retazo de bosque.

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Paisajes sin la cámara (VIII): bosques nublados del Chocó. Landscapes without my camera (8): Choco cloud forests.

Entre medio de miles de verdes cercanos, combinados con todos los tonos de gris en la distancia neblinosa, aparecen aquí y allá flores rosadas, lilas, anaranjadas, rojas y moradas. Varias especies de colibrís me reciben, curiosos, con su aleteo a escasos centímetros de la piel, y un escalofrío de emoción recorre todo mi cuerpo.

Después de caminar un rato, lentamente, observando colibrís, saltarines, tucanes, trepadores y muchas otras aves, me siento, extasiado, a escuchar con detenimiento los sonidos del bosque. Aves, anfibios e insectos compiten por ocupar el espacio sonoro del bosque nublado mientras yo, atónito, casi tengo que salir a tientas al caer la noche.

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Paisajes sin la cámara (VII): yubartas en Puerto López. Landscapes without my camera (7): the humpback whales in Puerto López..

Paisaje oceánico. Verdes y azules de variados matices pero más bien apagados, con algunas manchas blancas de las olas encrespadas. Las nubes, hoy más bajas que de costumbre, se mezclan en algún punto de la costa con el agua pulverizada de las olas. La cordillera Chongón-Colonche, ya de por sí desdibujada por la neblina, se va difuminando con la distancia a medida que navegamos mar adentro desde Puerto López, en busca de las yubartas o ballenas jorobadas. Paisaje de matices delicados poco intensos, como en la mayoría de los días del verano de la costa sur de Ecuador, cubierto por una impasible capa de nubes.

Paisaje de temporada de ballenas.

Seguro que los pescadores encontrarían más detalles, incluso en el horizonte. Aparentemente una línea recta. Me fijo con detalle en busca de yubartas. Ya no me parece una línea. Las olas dibujan protuberancias, más evidentes cuando el barco se hunde entre olas y el horizonte se acerca.

¡Una ballena! No… es un barco de pesca. Así como diez veces. Aquello parece… una pluma de agua producto de la respiración de la ballena… ¡Sí, lo es! ¡Muy lejos pero lo es! ¡Y salta con su inconfundible silueta y sus grandes aletas pectorales! El guía del Parque Nacional Machalilla seguro que hace rato que la ha visto, nos dirigimos hacia ella.

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Paisajes sin la cámara (VI): playa Dorada. Landscapes without my camera (6): Golden Beach.

Playa Dorada. Fina arena de un color como no había visto nunca. Hoy, todavía más intenso por la llovizna. Muy de cerca, minúsculos trozos de conchas y arrecifes mezclados con la arenisca de los acantilados de la zona. Una playa virgen con un torrente que llega de la montaña, al sur de Salango, y forma una laguna litoral separada del océano por una barra de arena con vegetación dunar incipiente. Y la playa en sentido estricto con arena lisa, sin huella alguna. Como la nieve virgen en la montaña.

Excepto a la altura del torrente la playa es estrecha y queda cubierta por la marea alta que llega hasta los acantilados que la cierran. La idílica playa de los Frailes del Parque Nacional Machalilla, pocos quilómetros al norte de Puerto López, es la playa perfecta, en forma de media luna y protegida de la furia del océano. Playa Dorada no. Está totalmente abierta y las olas chocan con estrépito contra islotes, rocas y acantilados prismáticos y tabulares, forma debida a la erosión de los estratos perfectamente horizontales.

Ahora la marea debe estar a media altura y subiendo. Busco un momento de olas menos fuertes y echo a correr para atravesar un tramo muy estrecho de playa pero tengo que volver precipitadamente, pues el tramo es más largo de lo que me pensaba y las olas me alcanzarían. Raúl, Moni y yo estudiamos, como los surfistas, los ciclos de las olas para aprovechar, al contrario que ellos, el momento más bajo para pasar, ya descalzos y sin problemas, al otro extremo de la playa. Contemplamos sus formas y colores extasiados. Si cabe esta parte es más salvaje todavía, con los acantilados oscuros en contraste con la arena dorada.

Tenemos que volver ya, la marea está subiendo y nos quedaríamos atrapados en este rincón a merced de las olas. Rincón bello pero salvaje donde el océano Pacífico demuestra toda su fuerza.

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Paisajes sin la cámara (V): playas de Machalilla. Landscapes without my camera (5): beaches of Machalilla.

Salaite, una playa perdida al norte del Parque Nacional Machalilla. Playas diferentes en esta época del año, con el cielo cubierto y las aguas verdosas. También tiene su encanto.

Caminamos hacia el sur observando el acantilado que cierra la playa y preguntándonos si podremos pasar hasta la siguiente. Y observando también la marea para estar atentos y que no nos deje bloqueados en algún rincón sin salida. Los pelícanos sobrevuelan las olas con increíble precisión, a escasos centímetros (¿milímetros?) del agua. Las fragatas revolotean por doquier, buscando cualquier oportunidad para robar el alimento a alguien. Los cangrejos se esconden bajo la arena a nuestro paso, para salir poco después a nuestras espaldas. Pero no todos, hay algunos bien ocupados. La marea ha traído algunos tamboleros espinosos, una especie de pez globo que cae en las redes de los pescadores que luego los sueltan heridos o muertos. Los cangrejos, los basureros de la playa, se encargan de comérselos.

Después de pasar varios tramos rocosos con facilidad, una muralla cierra el paso hacia la siguiente playa. Pero, sorprendentemente, ya cerca del final, descubrimos que la roca está agujereada y forma un estrecho arco que permite ir un poco más allá… pero no mucho más, no hasta la siguiente playa, quizás en marea baja, quizás en otra ocasión.

Unos quilómetros más al sur nos recibe Machalilla, un pequeño pueblo de pescadores, cielo plomizo y agua verdosa, casas a un lado y al otro la arena y el mar salpicado de barcas, con el trajín de los pescadores que se repite día tras día. Caminando de nuevo hacia el norte observamos, nosotros y un grupo de gallinazos negros, algo que flota cerca de la orilla. Una tortuga marina muerta, ya algo descompuesta, que apetece mucho a estos otros basureros de la playa. Las olas traen y llevan la tortuga, sin acabar de vararla del todo. Los gallinazos se acercan y alejan al ritmo de las olas, sin alcanzar la tortuga, como si tuvieran miedo de mojarse los pies. Por el momento, se quedan sin el preciado botín.

Quienes sí que han conseguido algo, un poco más adelante, son los pescadores. Un grupo de hombres descargan las pesadas cajas repletas de pescado en un camión, y las vuelven a llenar sin cesar en el barco, en un ir y venir que atrae a propios y a extraños. Esta vez las fragatas no pueden robar el pescado, son especies demasiado grandes. Se trata del preciado dorado y de algún pejesierra, un pescado azul más esbelto que los atunes y no tan grande. Pero durante la limpieza de las cajas y la barca sí que se aprovechan las fragatas y, con el trozo más grande de pescado, se organiza una especie de partido de rugby aéreo, todos contra todos, en que la pelota es arrebatada al contrario, cae hacia el mar, es cogida al vuelo y cae de nuevo al mar, originándose una melé de fragatas que va y viene con las olas.

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Paisajes sin la cámara (IV): visitar Manglares-Churute. Landscapes without my camera (4): visiting Manglares-Churute.

Datos prácticos para la visita de la Reserva Ecológica Manglares-Churute.

Lo primero que hay que hacer es dirigirse a las oficinas situadas en el km 49.5 de la via Guayaquil-Naranjal, a mano izquierda, unos 10 min. antes de Puerto Inca. Si van en bus es posible que el conductor no conozca el lugar, entonces es necesario estar atento al quilometraje de la vía, bien visible.

Una vez en las oficinas (a partir de las 8 de la mañana) los visitantes se deben registrar y se pueden informar de las diferentes rutas a pie o en barco y del costo de los guías. También es el lugar adecuado para informarse de los lugares cercanos para comer y dormir si no quieren alojarse lejos de la reserva, como en Guayaquil o Naranjal.

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Paisajes sin la cámara (III): el manglar. Landscapes without my camera (3): the mangrove.

Bajando de la cordillera, ya en el llano, el bosque seco tropical de Manglares-Churute, cerca de Guayaquil, se acaba repentinamente: una línea muy precisa, marcada por el nivel máximo de la marea, da paso a un lodazal de color negruzco, por lo menos en marea baja, de donde sale una maraña de raíces aéreas que sostienen a los mangles, estas extraordinarias especies de árboles que forman un ecosistema peculiar.

El paisaje, observado a gran escala, es aparentemente simple: una extensa mancha verde que corresponde mayoritariamente a una única especie, el mangle rojo, surcada por un laberinto de canales de agua de color marrón verduzco. Por debajo, una maraña de raíces incadas en el agua o en el lodo.

Observando con más detenimiento vemos otra especie de mangle, el mangle negro, escaso. Esta especie es colonizadora, sus semillas se las lleva la marea y sólo germinan en un área despejada, con luz, sin plantas, un área perturbada natural o artificialmente.

Mirando con detalle el mangle rojo vemos una especie de frutos que cuelgan a modo de judías. Al mangle rojo no le interesa que sus semillas se las lleve el agua, sino que germinen allí mismo para regenerar el manglar. Esa especie de frutos no son otra cosa que semillas con una planta ya germinada de unos 20 cm, que cae de punta y se clava en el lodo para que el agua no se la lleve: así se regenera el manglar y también se extiende a áreas adyacentes ya colonizadas y estabilizadas por el mangle negro.

El lodo, donde se hincan las raíces aéreas aéreas, está perforado como un queso de Gruyère: son las madrigueras del cangrejo rojo. El cangrejo sale y entra constantemente escondiendo todas las hojas que caen del mangle, es el basurero del manglar. Se alimenta de esas hojas, pero recoge más de lo que es capaz de comer, y las que sobran se descomponen. En este proceso, el cangrejo, con sus galerías, airea el lodo y, de esta manera, las raíces del mangle pueden respirar. En esta simbiosis el cangrejo se alimenta de las hojas caídas. Pero aquí no se acaba la cosa: el cangrejo expulsa de las galerías una mezcla de lodo y restos de hojas, materia orgánica en descomposición y ya descompuesta y mineralizada. La marea alta se lleva esta extraordinaria sopa nutritiva que alimenta tanto al zooplancton (con materia orgánica) como al fitoplancton, que aprovecha los minerales, el agua y el CO2 para fotosintetizar y enriquecer el agua con el oxígeno que produce. De todo este rico caldo de cultivo, con una productividad muy alta, se alimentan crustáceos, peces, aves, cocodrilos, delfines y también pescadores y nosotros mismos. Es una cadena compleja y delicada que se puede destruir de muchas maneras. Una destrucción directa debida a la construcción de camaroneras o bloques de pisos elimina completamente el sustento de peces, aves y pescadores.

Una recolección excesiva de cangrejos ahoga literalmente las raíces de los mangles y el manglar se muere. Y así cualquier otra acción que perturbe la compleja cadena ecológica del manglar puede conducir a su destrucción, eliminando una importantísima fuente de producción de alimentos para animales y personas.

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